Los Antecedentes

De todos es conocido que la existencia de la sevillana Feria de Abril se debe a la iniciativa que dos concejales liberales presentaron al pleno del ayuntamiento hispalense, allá por el año 1846. Curiosamente, ninguno de los dos era de ascendencia andaluza, siendo D. José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes (primer Conde de Ybarra) bilbaíno de nacimiento y D. Narciso Bonaplata y Curiol, natural de Barcelona.

En aquellos momentos, la agricultura y la ganadería eran puntales principalísimos de la economía y por ello, la existencia de mercados agropecuarios eran acontecimientos fundamentales que favorecían extraordinariamente el progreso socioeconómico de las localidades en que se celebraban, así como la de sus áreas de influencia.

Ambos concejales, empresarios de gran visión comercial, supieron atisbar las enormes ventajas y los beneficios que para Sevilla podría suponer contar con una Feria de estas características.

Existía un precedente cercano de enorme importancia: La antiquísima y muy famosa Feria de Mairena del Alcor, fundada en 1441 por el rey Juan II de Castilla, espejo e imagen en el que, a decir de muchos, se miró Sevilla para crear la suya propia.

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El viajero inglés Richard Ford vestido de Majo en la Feria de Mairena. José Domínguez Bécquer, 1832

Cuenta Collantes de Terán que, por esas fechas:

…labradores y criadores sevillanos, al presentarse con sus productos el año 1846 en la Feria de Mairena, entonces la más concurrida de la baja Andalucía, quedaron desagradablemente sorprendidos al ver que buena parte de los terrenos dedicados para pasto y estancia de los ganados se habían plantado de olivos, y se habían repartido las tierras baldías, aparte de otros acuerdos de aquel ayuntamiento, que causaron incomodidad y disgusto a los feriantes, entre los cuales surgió entonces la idea de dirigirse al de Sevilla para que solicitase la concesión a esta ciudad de una Feria de ganados…” (1)

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D. José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes

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D. Narciso Bonaplata y Curiol

Sea cual fuere el origen de la idea, el hecho es que el 25 de agosto de 1846, Ybarra y Bonaplata presentaron un extenso escrito al Ayuntamiento de Sevilla, presidido por el Conde de Montelirios, en el que se justificaba la creación de una Feria de ganados, pues consideraban que la Ciudad:

“…por su posición geográfica y por la clase de su riqueza debería ser el emporio de los productos de la tierra, el centro de las transacciones y el gran mercado agrícola de España…” (1)

Y, por lo tanto se mostraban convencidos de que:

“…El aumento y mejora de los ganados como base y principal riqueza de la agricultura es a lo que deben ayudar todos los que se interesen por su prosperidad…”  (1).

Asegurando que:

“…si escogiendo la mejor época del año para su adjudicación se procurase hacerla una fiesta agrícola y se rodease de aquel aparato y suntuosidad que tan preferente objeto merece, no dudamos que los gastos que para dicha fiesta hiciese el Ayuntamiento no serían más que un préstamo reembolsado muy pronto en beneficios. No sólo para los fondos del común, sino también para los de los habitantes de esta ciudad.” (1)

Por último, se pedía que esta Feria se celebrara anualmente durante los días 19, 20 y 21 del mes de abril y se planteaba la posibilidad de establecer un concurso de ganados que incentivara la competitividad entre los asistentes, estableciendo diversos premios a los criadores que presentaran los mejores ejemplares de las distintas especies.

La Concesión de la Feria

Después de sortear diversas dificultades, entre ellas la oposición comprensible del Ayuntamiento de Mairena de Alcor, el 5 de marzo de 1847 (2) la Reina Isabel II firmó la Real Orden por medio de la cual se concedía la Feria solicitada a la Ciudad de Sevilla, que habría de celebrarse finalmente los días 18, 19 y 20 de abril, con el objeto de dejar un día libre para la Feria de Carmona que coincidía por aquellas mismas fechas.

El Eco del Comercio, Madrid. 16/03/1847
El Eco del Comercio, Madrid. 16/03/1847

Poco más de un mes tuvo, pues, la Ciudad para preparar el evento. A tal efecto, el 13 de marzo de 1847 el Ayuntamiento desarrolló y publicó un extenso y detallado programa de actos que comenzaba con la siguiente declaración de intenciones:

“El ayuntamiento constitucional de esta ciudad, conociendo la necesidad de dar impulso y protección a la agricultura, que por desgracia se observa en decadencia, siendo uno de los ramos que constituyen la riqueza pública, ha obtenido el permiso solicitado de S. M. para que en esta ciudad se celebre anualmente una feria en los días 18, 19 y 20 del mes de abril, cuyo principal objeto es, establecer por este medio un mercado agrícola en el punto más a propósito por su posición geográfica para centro de estas operaciones” (3).

Y continuaba ensalzando las características del emplazamiento seleccionado, haciéndolo atractivo para los feriantes:

“…deseando ofrecer a los feriantes cuantas comodidades estén en su posibilidad, tanto por la colocación de sus ganados, cuanto para que estos disfruten de buenos y abundantes pastos, no ha perdonado (El Ayuntamiento) medio alguno que pueda contribuir a tan interesante fin. Así es, que ha señalado como terreno oportuno para la feria el prado de San Sebastián y las tierras inmediatas, que no pertenezcan a propiedad particular, ofreciendo a los entradores pastos excelentes y sobrados en la dehesa Tablada desde el día 14 del citado mes, y la mayor facilidad para dar agua al ganado, pues además de estar dicha dehesa inmediata a las orillas del Guadalquivir, se han establecido cómodos abrevaderos en el punto en que se ha de verificar la feria” (3).

Abrevaderos en el Prado de San Sebastián (Serrano, 1923)
Abrevaderos en el Prado de San Sebastián (Serrano, 1923)

Además, como sugirieron los promotores en su momento, se anunciaba una exposición de ganado el día 17, víspera de la Feria, que tendría lugar en la Plaza de Toros de la Real Maestranza y en la que se entregarían diferentes premios:

6.000 reales al mejor caballo.
4.000 reales a la mejor yegua.
4.000 reales al toro manso mejor formado, para semental.
2.000 reales al buey cebón más gordo [sic].
1.500 reales al lote de 10 carneros enteros (no castrados) de mayor peso.
1.500 reales al lote de 10 carneros enteros merinos de mejor lana, prefiriéndose las blancas a las negras…

Y, como complemento a lo anterior, se anunciaban además dos eventos de carácter festivo que proporcionaran un aliciente especial a todos los visitantes: el primero, a celebrar el día 21, una vez concluida la Feria, consistiría en la celebración de carreras de caballos, en la que también habría entrega de premios.
Por último, el día 23, se celebraría una corrida de toros de las mejores ganaderías, hecho este que puede considerarse el germen del actual ciclo de corridas de Feria de la Real Maestranza, cuya celebración ha estado siempre tan ligada a los festejos abrileños de Sevilla.

Concluía el programa de Feria recordando a los ganaderos los beneficios fiscales de los que disfrutarían los participantes en la misma (sería una Feria libre de derechos) , además de las bondades de una ciudad que los aguardaba con los brazos abiertos, con todas las comodidades que pudieran necesitar “para su conveniencia, utilidad y recreo”…(3)

La Exposición de Ganados

Conforme al programa establecido, el día 17 de abril de 1847 tuvo lugar el Concurso-Exposición en la Plaza de Toros de la Maestranza.

Sobre ella escribió el diario “El Popular”:

“Se ha verificado en Sevilla una exposición de ganados, espectáculo nuevo en aquella ciudad y de buenos resultados para la agricultura. El local era la plaza de toros y como es uso y costumbre, hubo autoridades, música y gran número de convidados, personas notables y de curiosos. Instalado el tribunal, se presentaron los caballos en número de 13.” (4)

La Maestranza (Edward-King-Tenison,1853)
La Maestranza (Edward King Tenison,1853)

Los ejemplares presentados eran, al parecer, de gran belleza:

“Es imposible manifestar la hermosura y gallardía de aquellos animales: Haremos sin embargo mención de los dos tordos que se presentaron, uno del señor Gibaja, de Utrera; otro del señor Zulueta, de las Cabezas; y otros dos del señor Conde del Águila, de arrogante figura, sobresaliendo especialmente uno de ellos, por los hermosos cabos bermejos que tenía; y otro negro del señor Mihura, según nos dijeron, que por su bellísima estampa, mereció la predilección de los concurrentes” (4).

Los premios se distribuyeron de la siguiente forma:

“…obtuvo el de 6000 reales, el caballo tordo, del señor don José Gibaja, de Utrera. El premio de 4,000 reales fue adjudicado al toro manso, que presentó el Señor Galbán, de Osuna. El de 1,500 destinado al ganado lanar fino, fue acordado en favor del vecino de Morón, cuyo nombre ignoramos por la fatalidad anunciada de no tener a la vista los datos suficientes. El otro premio de 1,500 reales para el lote de diez carneros enteros lo obtuvo, según dicen, el señor don Ignacio Vázquez, labrador y criador de esta capital. Últimamente el premio de las espuelas de plata, designado al que presentara el caballo que mejor trabajara en el picadero, lo alcanzó la jaca torda del Señor don Juan García, vecino de Sevilla” (4).

La primera Corrida de Feria

Aunque, como se ha dicho, se había programado para el día 23 de abril, finalmente la anunciada corrida de toros fue celebrada en la Real Maestranza de Caballería el mismo día de la inauguración de la  Feria,  el 18 de abril de 1847. (2)

En aquella corrida se lidiaron nada menos que ocho toros: seis de la ganadería de D. Francisco Taviel de Andrade, de Sevilla, con divisa encarnada, y dos de Francisco Arjona Guillén (Cúchares), de Madrid, con divisa verde y encarnada.
En el cartel no figuraron ninguna de las primeras espadas de la época, como el propio Curro Cúchares, Pepete o Paquiro, lo cual es comprensible si tenemos en cuenta la novedad del festejo y lo precipitado de su preparación.

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El torero Juan Lucas Blanco (en el Centro)

Los matadores que tuvieron el honor histórico de participar en aquella primera corrida de Feria fueron Juan Lucas Blanco, de Sevilla y Manuel Díaz Laví, de Cádiz (5).

La primera Feria de Abril

Fiel a su meteorología inestable, aquel mes de abril de la primera Feria tampoco estuvo exento de tiempo desapacible.
Según Santiago Montoto:

“La noche del primer día estuvo muy deslucida y apenas hubo feriantes” (2).

El “Eco del Comercio” detallaba:

“Desgraciadamente el tiempo no ha correspondido como hubiéramos deseado, pues estando nublado y algo frío, particularmente el último día, no ha contribuido a la animación y al entusiasmo” (6).

Aun así, la concurrencia fue al parecer numerosa y se efectuaron buenas y numerosas transacciones.

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Feria de Sevilla. Manue Cabral Aguado-Bejarano,1855

Este es el cuadro que pintó El Diario de Sevilla de la época, reproducido en días posteriores en casi todos los periódicos del país:

“La hermosa y recta calle de San Fernando, perfectamente entoldada, y cuya acera derecha está cubierta de portátiles tiendas de todas clases de géneros y efectos, es como si dijéramos el principio o primer término del hermoso panorama que se presenta a la vista del observador cuando se halla fuera de la puerta del mismo nombre.

A la derecha un hermoso café, a la izquierda, bajo también de cómodos toldos, una larga y no interrumpida hilera de tiendas y puestos están como circundando el pintoresco y dilatado prado de S. Sebastián, sobre cuya verde alfombra se destacan mil pintorescas tiendas, dando con ellas y con la multitud que las rodea la idea exacta de un numeroso campamento.
Toda Sevilla vive estos días en los alrededores de la feria. Las bellezas de Sevilla, abandonando estos días las encantadoras riberas del Guadalquivir, van a ella a ostentar sus gracias, llevando en pos de si, como es natural, a todo lo que encierra esta rica población.” (7)

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Feria de Sevilla. Joaquín Domínguez Bécquer, (1867)

Velázquez y Sánchez, en sus Anales, reflejaron:

“Concedido a los ganados el pasto gratuito de Tablada y prado de San Sebastián, se construyeron dos abrevaderos o pilones en San Bernardo y frente al foso de la Fábrica de tabacos, situándose un café y repostería en tienda espaciosa para comodidad de tratantes, corredores y dependientes de los ganaderos, al cuidado de su negocio; instalándose juzgado especial en la caseta que el municipio erigió a la salida de la puerta de San Fernando.
Desde dicha puerta a la inmediata de la Carne (de Min-hoar, en lo antiguo) se establecieron en dos hileras puestos de juguetes, frutas y dulces, y en la acera del prado desde el Tagarete hasta San Bernardo las tiendas de buñolería, bodegones y tabernas; hallándose acomodadas en la calle nueva, en zaguanes de sus casas, joyerías, roperías, despachos de efectos de modas, novedades y exhibiciones; repartiéndose por los contornos del prado las máquinas giratorias de caballos y calesas, cosmoramas, y el siempre terrible aporreador, Don Cristóbal Polichinela, con su inseparable Doña Rosita.
El segundo y tercero días de feria fueron lluviosos, pero se amplié por otro más el mercado, haciéndose negocios de importancia, y revelando las circunstancias óptimas de tantas valiosas contrataciones la felicidad del pensamiento, y sus ulteriores y faustas consecuencias en la prosperidad de esta metrópoli, con notorio interés y en provecho de la provincia.”

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La Feria de Sevilla. Andrés Cortés Aguilar,1852.

Uno de los promotores de la Feria, D. José María Ybarra, dejó escrito sobre aquellas históricas jornadas:

“Se pusieron en el Real 19 casetas, que vendían buen vino traído de Valdepeñas, así como en otras casetas se vendía mucho aguardiente de Cazalla y de la Sierra, sobre todo por las mañanas temprano y por las noches.

Buñoleras
Feria de Sevilla. Casetas de las buñoleras, 1906.

Puso una caseta la acreditada buñolería del Salvador y también la pusieron los gitanos que viven en la Cava. Hubo seis destinadas a vender chacina fresca. Dos dedicadas a las señores viajantes, una, en el Real, llamada “Fonda de los Arados” y también “La Hostelería”, y otra, junto a la Puerta de San Fernando.” (8)

Y continuaba:

“En Los arados y en La Fonda se dio bien de comer: caldereta, chorizo, menudo, pescado frito y migas. (…) En el Ferial hubo varias carretelas. Las mejores la del conde del Águila, Taviel de Andrade, Villapineda y la mía. Se vieron muchas mujeres aúpas.” (8)

Balance final

De entre los actos previstos, únicamente no llegaron a celebrarse las carreras de caballos anunciadas, porque el ayuntamiento consideró excesivos para aquella ocasión los gastos necesarios para su organización (9).
Los objetivos mercantiles que se perseguían parece que fueron buenos, teniendo en cuenta la novedad del certamen y su falta de raigambre, en comparación con otras Ferias, más consolidadas, como la de Mairena.

A este respecto escribe el Conde de Ybarra:

“Fue imposible contar el ganado que entró en el ferial. Vinieron algún rebaño de borregas y muchos cochinos, así como muchas piaras de cabras y buenas recuas de burros de Écija y Carmona.” (8)

“El Eco del Comercio” recogía:

“La venta de potros y yeguas ha sido ventajosa para los dueños, habiéndose vendido cuantas se presentaron. El tercer día se ha hecho algún comercio con el ganado de cerda y más considerablemente con el vacuno” (6)

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El prado de San Sebastián en Feria (Serrano, 1915)

La idea general que quedó en el recuerdo fue la de un evento de resultado satisfactorio, pero que aún necesitaba tiempo y recorrido para alcanzar la importancia social y comercial que se le auguraba, como finalmente terminó sucediendo:

“Me hallo muy satisfecho del resultado de la primera Feria. Espero que será, en años venideros, mucho mejor”. (8)

Esto escribió el Sr. Ybarra. Y lo mismo opinaron algunos diarios:

“…La feria de Sevilla en su primer año, ha sido un buen ensayo de lo que será en adelante. Es seguro que ninguna de las de España cuenta con los poderosos elementos que la nuestra para su prosperidad. La falta de pastos que se temía y que ha podido retraer a algunos labradores de presentar sus ganados en la feria, no solo no se ha notado, sino que para la concurrencia quo ha habido de estos ha sido suficiente y aun ha sobrado. Con las medidas que, según nos consta, acaba de acordar el ayuntamiento, habrá para, el año venidero tan buenos y abundantes pastos que no es fácil pueda ofrecerlos otra feria, con las comodidades que la de Sevilla.” (6)

Conclusión

Con la concesión de la Feria de Abril se abrió para Sevilla una nueva oportunidad de crecimiento económico, como tan sabiamente habían vaticinado sus impulsores, Ybarra y Bonaplata.

Sin embargo, con el paso de los años, los adelantos técnicos que paulatinamente fueron implantándose en la agricultura y la ganadería durante la segunda mitad del siglo XIX, así como la mejora de las comunicaciones, con la irrupción del ferrocarril y la navegación a vapor, provocaron que aquella Feria-Mercado fuera perdiendo su razón de ser en favor del aspecto puramente festivo, el cual acabó imponiendo su hegemonía.

Feria-de-Abril-Actual

Hoy día, la Feria de Abril de Sevilla, aún vaciada de su primitiva razón de ser, continúa siendo para la Ciudad un acontecimiento económico, social y festivo de primer orden, al tiempo que uno de sus atractivos turísticos más universales, que dentro de poco cumplirá nada menos que 170 años de existencia.

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Hemeroteca:

(1) “Nacimiento y renacimiento de la Feria”. Fco. Collantes de Terán. ABC de Sevilla, 22-04-1948. Hemeroteca Digital ABC.

(2) “El Triunfo de la Feria de Sevilla”. Santiago Montoto. ABC de Sevilla, 18/04/1945. Hemeroteca Digital ABC.

(3) El Heraldo (Madrid), 23/03/1847. Hemeroteca Digital BNE.

(4) El Popular (Madrid), 24/04/1847. Hemeroteca Digital BNE.

(5) Web: https://www.fernandomartinezhernandez.com/toros/primer-festejo-de-la-feria-de-abril

(6) El Eco del comercio (Madrid), 25/04/1847. Hemeroteca Digital BNE.

(7)  El Heraldo (Madrid),  23/04/1847.  Hemeroteca Digital BNE.

(8) “Lo que opinó sobre el primer año de feria su creador, El conde de Ibarra”. Gil Gómez Bajüelo.  ABC de Sevilla,  18/04/1945. Hemeroteca Digital ABC.

(9) El Popular (Madrid),  17/04/1847. Hemeroteca Digital BNE.

Bibliografía:

 “Las Ferias de Sevilla”. Nicolás Salas.  Universidad de Sevilla, 1992.

“Crónicas de la Feria (1847-1956)”. Francisco Collantes de Terán. Editorial: ABC, Colección Biblioteca Hispalense nº8, 2001.

La Feria de Sevilla. Testimonios de su historia. (vv.aa.) Ayuntamiento de Sevilla, 1996.

Anales de Sevilla, 1800-1850. José Velázquez y Sánchez. Sevilla, 1872

 Imágenes de la Sevilla del siglo XIX.  Editorial: ABC, Colección Biblioteca Hispalense nº16, 2001.

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