Leo hoy en la prensa sobrecogido  la triste noticia de la destrucción del Santuario de la Virxe da Barca, en Muxía, provincia de A Coruña, como consecuencia de un incendio provocado por la caída de un rayo durante el pasado temporal. Las imágenes que se están publicando sobre el suceso son realmente impactantes:

Incendio del Santuario de la Virxe da Barca

Un rayo destruye un emblemático santuario en Muxía

(El Mundo.es)

Incendio destroza Santuario da Virxe da Barca

(La Voz de Galicia)

Ubicado en la famosa Costa da Morte, forma parte de las tradiciones generadas en torno al Camino de Santiago, por lo que acoge a muchos peregrinos, que tras alcanzar Fisterra, deciden prolongar un poco más su itinerario para visitar este rincón mágico, rodeado de leyenda.

Según la tradición, la mismísima Virgen María arribó a este punto de la costa gallega a bordo de una barca de piedra para consolar al apóstol Santiago en su difícil misión de evangelizar en lugar tan inhóspito y remoto. 

Los supuestos restos de la barca son las conocidas como Piedras del Milagro: una plana «la pedra de Abalar«, otra curva «la  pedra dos Cadrís» y la conocida como «la pedra do Timón». A estas piedras se les suponen propiedades mágicas y se dice que curan diversas dolencias, así como la infertilidad e incluso males de amor…

Como ocurre en otros muchos casos, la mayoría de estas tradiciones proceden de la cristianización de antiquísimos ritos paganos de culto a las piedras que de esta forma han conseguido llegar hasta nuestros días.

Frente a las «Piedras del Milagro» se alza el Santuario, dedicado a la evidente advocación de la Virgen de la Barca. Es una construcción originaria del siglo XII y, hasta hace un par de días, una talla gótica de dicha advocación presidía un bello altar mayor barroco.

Hace unos años, tuve la inmensa suerte de poder visitar este lugar y hacer estas fotografías que hoy comparto con todos vosotros.


Impresiona sentir allí la sobrecogedora fuerza del mar y del viento. Es un lugar bello que invita a reflexionar sobre nuestra fragilidad e insignificancia ante la potencia arrolladora de la naturaleza.
Ojalá que todo lo destruido pueda recuperarse y que aquel lugar siga conservando todo su atractivo y belleza.

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