La Guerra, el más terrible de los dramas humanos, nunca tiene una única cara. En un conflicto bélico no hay buenos ni malos, ganadores ni vencidos, tan solo sufrimiento y horror.

En la literatura generada por los bandos implicados en cualquier contienda, raramente encontraremos ejemplos de ecuanimidad, ni tan siquiera de la más mínima conmiseración hacia el enemigo, como si las penalidades de estos hubieran de ser consideradas menos dolorosas que las propias o simplemente necesarias para la consecución del objetivo militar.

Portada del libro Memorias de un recluta de 1808Estas reflexiones nos vienen al pensamiento leyendo la obra “Memorias de un Recluta de 1808” de Luis François de Gille, traducida por primera vez al castellano en 2010 por Christina Linares.

Se trata de las memorias auténticas de un recluta napoleónico que participó en la Batalla de Bailén, el 19 de julio de 1808. El punto de vista desde el que se describen los hechos es, por tanto, completamente inédito para el lector español.

Con el incumplimiento de las capitulaciones pactadas tras la batalla, dio comienzo un auténtico calvario para más de mil ochocientos hombres que, confinados en grandes pontones anclados en la bahía de Cádiz, soportaron terribles padecimientos. Hambre, epidemias y suicidios diezmaron a aquellos infelices a los que se prohibió incluso arrojar a las aguas de la bahía los cadáveres de sus fallecidos.

En marzo de 1809, cuando sus condiciones parecían imposibles de empeorar, fueron conducidos a la Isla de Cabrera, isla semidesierta ubicada al sur de Mallorca, donde fueron abandonados a su propia suerte, sin alimentos ni medios de subsistencia. Allí, los prisioneros franceses vivieron circunstancias atroces, alimentándose de alimañas y de sus propias heces, llegando incluso a practicar el canibalismo para sobrevivir.

Finalmente, en julio de 1810, una parte de los supervivientes (oficiales y suboficiales entre los que se encontraba Gille, el autor de las memorias) fueron conducidos al Castillo de Portchester, en la bahía inglesa de Portsmouth. Allí permanecieron hasta el final de la contienda, en 1814, seis años después de la derrota de Bailén.

Lectura recomendada para los interesados en la historia detrás de la historia, la de los seres humanos que la protagonizan, cuyas hazañas y calamidades suelen ser lamentablemente condenadas al olvido.

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Memorias de un Recluta de 1808.

Luis François Gille.

Traducción de Christina Linares del Castillo-Valero

Editorial Renacimiento, 2010