En este primer artículo dedicado a rastrear la presencia de sevillanos ilustres en los documentos de FamilySearch, vamos a detenernos en la figura de Luis Cernuda, de cuya muerte se cumplen precisamente en estos días 50 años.

Luis Cernuda Bidon, destacado miembro de la mítica Generación del 27, nació en Sevilla el 21 de septiembre de 1902 y falleció en el exilio, en México D.F., el 5 de noviembre de 1963.

En su libro más sevillano, Ocnos, afirma:

«Hay destinos humanos ligados con una ciudad o con un paisaje» (1)

La nostalgia por los lugares de la niñez y la juventud  le acompañó durante toda su vida, a lo largo de sus 25 años de exilio, iniciado en Inglaterra en 1938. Posteriormente, a partir de 1947, residió en los Estados Unidos y por último, en México, donde vivió desde 1952 hasta su muerte.

La imagen que hoy rescatamos muestra precisamente la hoja de empadronamiento de la familia Cernuda perteneciente al año de nacimiento del poeta, 1902.

Hoja de empadronamiento de Luis Cernuda. Sevilla, 1902
Hoja del padrón municipal de Sevilla de 1902
correspondiente a la familia de Luis Cernuda
Fuente: FamilySearch
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El registro corresponde al número 6 de la calle Conde de Tójar, perteneciente a la Parroquia de El Salvador.
Este es el nombre que ostentó la actual calle Acetres entre 1893 y los años 30 del siglo XX. Según Santiago Montoto, tal nombre hacía alusión a Joaquín María Tójar y Herrera, miembro de la Junta de Defensa Local durante la invasión napoleónica, que residió en la vecina calle Cuna.
El “Jefe de Familia” –como se hacía constar en los padrones de aquella época- es Bernardo Cernuda Bauzá (Bousa en otras fuentes). Contaba 46 años en 1902, era natural de Naguabo, Puerto Rico y militar de profesión, Comandante de Ingenieros, concretamente. Sus padres: Bernardo y Concepción.
La madre, Amparo Bidón Cuéllar, contaba 36 años y era natural de Sevilla, bautizada en la Parroquia de San Juan de la Palma, como se indica. Su padre, cuyo nombre completo era Ulises Agustín Bidon, era de origen francés, concretamente de Burdeos y de profesión ferroviario, como se indica en la partida de su matrimonio con Mª del Amparo Cuéllar, en 1860.

Partida de Matrimonio Abuelos de Luis Cernuda, 1860
Partida matrimonial de los abuelos
maternos de Luis Cernuda, 1860
Fuente: FamilySearch
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Aparecen también en el documento las hermanas del poeta, Amparo y Ana Cernuda, de 8 y 7 años, bautizadas en la Parroquia de San Lorenzo.
Resulta curiosa la información recogida en estos padrones sobre el nivel de instrucción de los distintos miembros de una familia.  Así, podemos ver que los padres sabían leer y escribir mientras que las dos pequeñas hermanas sólo sabían leer…
A continuación figuran dos sirvientas: Rosalía López Martín, de 39 años, natural de Arahal, casada y Antonia Sánchez Garabito, de 19 años, soltera, bautizada en la Parroquia de Santa María Magdalena, aunque empadronada el año anterior en Arahal.
La presencia de sirvientas es indicativo del carácter burgués de la familia Cernuda.
Y en la última línea nos encontramos, por fin, al casi recién nacido Luis Cernuda Bidon, de 2 meses y 23 días de edad y bautizado en la cercana Parroquia del Salvador.
Es llamativo comprobar que la segunda sirvienta, Antonia Sánchez Garabito, lleva conviviendo con la familia desde el día siguiente al nacimiento del pequeño Luis. Probablemente se tratase de una ama de cría o nodriza contratada para amamantar al recién nacido, lo cual era una costumbre muy extendida entre las clases más pudientes hasta bien entrado el siglo XX.

En esta casa de la calle Acetres vivió Luis Cernuda su primera infancia hasta que, con 13 años, cuando “pisaba (…) ya el umbral de la adolescencia(2),   la familia se trasladó al Cuartel de Zapadores, en el actual barrio del Porvenir.
Parece ser que a causa de su condición militar, Bernardo Cernuda fue un padre muy autoritario y estricto. Esta circunstancia configuró en el pequeño Luis un carácter tímido e introspectivo. Es probable que  la vocación poética de Luis Cernuda se forjara en estos primeros años y surgiera como necesidad de expresión de un riquísimo mundo interior, en un ambiente familiar marcado por la incomunicación:

«…Presidían mudos, graves, la penumbra,

Ojos que no miraban los ojos de los otros…»(3)

En su poema “La Familia”  transmite certeramente el ambiente opresivo que conoció en aquellos años:

«Era a la cabecera el padre adusto,

La madre caprichosa estaba en frente,

Con la hermana mayor imposible y desdichada,

y la menor más dulce, quizá no más dichosa,

El hogar contigo mismo componiendo,

La casa familiar, el nido de los hombres,

Inconsistente y rígido, tal vidrio

Que todos quiebran, pero nadie dobla.» (3)

También se lamenta amargamente por haber carecido de comprensión y cercanía:

«Oh padre taciturno que no le conociste,

Oh madre melancólica que no le comprendiste.» (3)

Pero fueron también muchos los recuerdos apacibles de esta época que el poeta supo retratar con maestría:

«Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo.» (4)

En la misma calle Conde de Tójar vivió  el pianista, compositor y director de orquesta sevillano Joaquín Turina. Así recordaba Luis, ya en el exilio, aquellos momentos en que, extasiado, escuchaba al ilustre vecino durante sus ensayos:

«Pared frontera de tu casa vivía la familia de aquel pianista (…)

(…) Por los corredores ibas hacia la habitación a través de cuya pared él estudiaba, y allí solo y a oscuras, profundamente atraído mas sin saber por qué, escuchabas aquellas frases lánguidas, de tan penetrante melancolía, que llamaban y hablaban a tu alma infantil, evocándole un pasado y un futuro igualmente desconocidos(5)

En aquella casa vivió también el poeta la cadencia de sus primeras estaciones. Aquellos veranos en que:

«(…) flotaba un aire limpio y como no respirado por otros todavía, trayendo consigo también algo de aquella misma sensación de lo inusitado, de la sorpresa, que embargaba el alma del niño y despertaba en él un gozo callado, desinteresado y hondo.» (6)

Y aquellos meses de septiembre en que, a la llegada de las primeras lluvias del otoño…

«(…) la voz de la madre decía: “Que descorran la vela”, y tras aquél quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de la casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol.» (7)

Pero, como él mismo afirma:

«Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza…» (8)

Y a Cernuda le alcanzó el tiempo, quedando atrás esa niñez que parecía eterna:

«¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño?» (8)

Luego vinieron Bécquer, la Universidad, Pedro Salinas, los primeros libros, Juan Ramón Jiménez…
En 1928 fallece la madre, Dña. Amparo –el padre había fallecido unos años antes- y llegó el adiós a Sevilla para siempre.

Diez años más tarde, cuando circunstancias inimaginables tiempo atrás lo empujaron al exilio, comprendió que su destino quedaba ligado a una ciudad y a un paisaje que no volvería a ver jamás.

Entonces, en una estación de tren desierta y oscura reflexionó:

«Atrás quedaba tu tierra sangrante y en ruinas. La última estación, la estación al otro lado de la frontera, donde te separaste de ella, era sólo un esqueleto de metal retorcido, sin cristales, sin muros -un esqueleto desenterrado al que la luz postrera del día abandonaba.

¿Qué puede el hombre contra la locura de todos? Y sin volver los ojos ni presentir el futuro, saliste al mundo extraño desde tu tierra en secreto ya extraña.» (9)

Citas de Luis Cernuda:

(1) Ocnos, Jardín Antigüo.

(2) Ocnos, Belleza Oculta.

(3) Como quien espera el alba, La Familia.

(4) Ocnos, El Tiempo.

(5) Ocnos, El Piano.

(6) Ocnos, Mañanas de verano.

(7) Ocnos, El Otoño.

(8) Ocnos, El Tiempo.