Hoy no tengo ganas del mundo,
porque no creo en mí,
porque me he decepcionado tanto y tantas veces…
Porque de levantarse otra vez se cansa uno.
Tengo miedo de que nunca llegue el día.
De que “estos son días de debilidad que pasarán”
se conviertan en lo último que pueda esperar.
Quiero llorar y pienso para qué.
Estoy cansando de esperar ser mejor y de no serlo nunca.
Desconfío de mi, de mis “vamos a empezar de nuevo”,
que me huelen ya a canción antigüa, conocida.
A veces se me difumina la intención y
no recuerdo porqué quería llegar alli.
¿Qué puedo hacer?,
¿Actúo o me dejo llevar?.
Los que siempre motivaron el resurgir
de mi particular fénix siguen estando ahí.
¿No los recuerdas?.
Mis amores. Mis grandes amores.
Lo que fueron motivo y causa de todo, siguen ahí.
¿Ya no te motiva su presencia?.
¿Es que el tiempo lo ensombrece todo,
hasta lo más puro, lo más real?.
¿Adónde caminas, alma insensata, sin rumbo,
olvidando todo;
lo que fuiste, lo que soy, lo que quise ser?.
¿Dónde está el momento que debía de llegar en el verano de la vida, en que el sufrimiento me convertiría en sabio y las nubes pasadas serían divertimento de tardes serenas mirando el horizonte?
¿No me dijeron ojos bienintencionados que llegaría el momento sereno en que me bastaría una leve brisa para dejar volar el alma a sus anchas?. Y que, entonces, todo lo pasado sería niñez malvada e hiriente que pasó como tormenta en primavera?
¿No hubo incluso quien me hizo alabar los días grises como precursores, como primicias de mieles criadas en su seno que serían consumidas más tarde en horas despreocupadas, ya libres de esclavitudes juveniles, serenas, plenas y sosegadas?.
Incrédulo, me miro a veces sin encontrarme, como recién despierto del sueño equivocado, intruso de mí mismo, silencioso y expectante.
Y comprendo que la vida, llena de mañanas temblorosas, de abrazos fríos y miradas amargas es la misma que regala esperas celestes, viajes ilusionados y tesoros no ocultos.
¿Te he esperado, te he encontrado y no te he reconocido?.
¿Esa eres tú, sabiduría?.
Sol de una mañana clara,
Cuando aún estoy a tiempo
De tí, de ellos, de tanto.
Cielo sin nubes,
Gracia infinita, paciente;
Quiero volver a vosotros.
No dejéis de llamarme.
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