La Venta de los Gatos: Porqué deberíamos conservarla.

Algo más que una hermosa y triste historia…

Cuando allá por noviembre de 1862, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer publica en El Contemporáneo de Madrid su leyenda La Venta de los Gatos (1) estaba publicando algo más que una hermosa y triste historia.
Es sabido que las orillas del Guadalquivir y el entorno de la Barqueta fueron escenarios predilectos de sus paseos y primeras ensoñaciones juveniles.

«Allí, donde los álamos me protegían con su sombra, daba rienda suelta a mis pensamientos y forjaba una de esas historias imposibles…» (2)

En esas escapadas, con catorce o quince años, soñaba ya Bécquer con ser poeta y cantar las bellezas de Sevilla. Incluso se imaginaba recordado en aquel lugar por una ciudad agradecida a su obra.

“Una piedra blanca, con una cruz y mi nombre, sería todo el monumento…” (3)

 

Gustavo-Adolfo-Bécquer-1862-(Valeriano-Becquer)
Gustavo Adolfo Bécquer (Retratado por Valeriano Becquer, 1862)
Cruz-Blanca-Becquer
Aquel deseo juvenil de . Bécquer se hizo realidad el año 2013 cuando se inauguró este poco conocido monumento en su memoria, en un apartado rincón del Parque del Alamillo. (Foto tomada del blog http://desdesevillaalospicosdeeuropa.blogspot.com.es)

 

Por eso no resulta extraño que, en la Venta de los Gatos, su leyenda más autobiográfica, el poeta retornara a los escenarios añorados de la juventud.

Varias historias en una

La Venta de los Gatos encierra al menos dos historias. Es una suerte de matrioshka melancólica pero a la vez reivindicativa. Es la  historia de dos Bécquers: el joven y el adulto y su percepción del paso del tiempo.

La triste historia de Amparo y su enamorado es la memoria de un tiempo más feliz, que el tiempo y el andar de la vida se encargaron de destruir.

Hay una protesta. Cuando el autor vuelve a Sevilla después de más de una década, la ciudad ha cambiado, a su pesar. Echa de menos la ciudad de la infancia.

“Edificios, manzanas de casas y barrios enteros habían surgido al contacto mágico de la industria y el capital; por todas partes fábricas, jardines, posesiones de recreo, frondosas alamedas, pero por desgracia, muchas venerables antiguallas habían desaparecido…” (4)

El paralelismo con la vida real del autor nos hace incluso querer encontrar visos de verosimilitud en la historia.

Venta de los gatos
La Venta de los Gatos, a principios del siglo XX. (Archivo ABC)

Bécquer marchó a Madrid en 1854 y no regresó a Sevilla hasta 1863. En ese periodo de tiempo, efectivamente, la ciudad experimentó muchas transformaciones.

En 1855, se establece el ferrocarril entre Sevilla y Córdoba, en 1858 se hacen los primeros ensayos de luz eléctrica, en 1862 se inicia el derribo de las puertas de la ciudad…

¿Fue Bécquer un pionero preocupado por la conservación del patrimonio y las costumbres?

Sin embargo, de todas estas transformaciones una en concreto determina especialmente el devenir del relato: la construcción en torno a 1854 del Cementerio de San Fernando.

Al cabo de diez o doce años de presenciar la bulliciosa y feliz escena de la venta, todo había cambiado. Aquel ya no era lugar para jaranas… Cuando  regresa al lugar antaño alegre, el corazón del poeta se encoje al comprobar que el ventorrillo:

“…estaba mucho más ruinoso, abandonado y triste. La sombra del cementerio, que se alzaba en el fondo, parecía extenderse hacia él, envolviéndolo en una obscura proyección como en un sudario…” (5)

Sobrevuela entonces sobre el relato una suerte de crítica melancólica al progreso, a la racionalización y a la modernidad que todo lo transforma.

Detener el paso del tiempo

En esa segunda visita a la venta, Bécquer no busca un lugar. Busca otra época, otro ambiente, otra forma de vivir la vida que contrasta con el despiadado aunque inevitable progreso.

¿Estaba siendo entonces Bécquer un pionero preocupado por la conservación del patrimonio y las costumbres? ¿O era sólo el poeta melancólico, el romántico, al fin y al cabo, obsesionado con el paso del tiempo y con la muerte?

Sea como fuera, sin planearlo, nuestro poeta consiguió algo insospechado. De alguna manera, logró que aquel lugar se convirtiera en una isla anclada a un pasado perdido. Sin la leyenda, la Venta de los Gatos habría desaparecido mucho antes de conocer el siglo XX.

Inauguración lápida conmemorativa
Inauguración en 1928 de lápida conmemorativa en la Venta de los Gatos. Mundo Gráfico, 8/2/1928.
Estado actual placa
Estado actual de la placa pintada, sin contemplaciones. (Foto tomada del blog: jardinesdelaoliva.wordpress.com)

 

Hoy día, más que nunca, ese pequeño trozo de pasado envuelto en un mar de ladrillos, corre el riesgo de desaparecer. A pesar de los muchos, muchísimos y bien intencionados intentos de gente sensible por conseguir que la Venta de los Gatos sea declarada Bien de Interés Cultural, la triste realidad es que en la actualidad está a la venta en la página web de una conocida inmobiliaria por el módico precio de 169.000€…

Venta de los Gatos actualmente
Anuncio de la Inmobiliaria que vende actualmente la Venta de los Gatos por 169.000€. Con un descuento del 68% ….

La Venta de los Gatos merece mejor destino

No sólo por haber sido inmortalizada por uno de los más finos y originales escritores que ha dado Sevilla.

Sobre todo, por ser una auténtica superviviente de nuestro patrimonio cultural que –por el momento- ha subsistido más de 150 años gracias al poder de la poesía y la buena literatura encerradas en las páginas de un simple libro, escrito por un autor genial.

¿Quién podría encontrar otra historia más hermosa y triste que esta?

 


Notas

(1) Si nunca ha leído La Venta de los Gatos, puede hacerlo gratuitamente Aquí.

(2) Cartas desde mi celda. Carta Tercera. Gustavo Adolfo Bécquer.

(3) Cartas desde mi celda. Carta Tercera. Gustavo Adolfo Bécquer.

(4) Rimas y Leyendas. La Venta de los Gatos. Gustavo Adolfo Bécquer..

(5) Rimas y Leyendas. La Venta de los Gatos. Gustavo Adolfo Bécquer..

(6) El texto hoy día ilegible de la placa conmemorativa inaugurada en 1928 es el siguiente:

En esta casita, en tiempos pasados venta andaluza, ocurrieron las escenas célebres de fiestas, de amores y tragedias que inspiraron al insigne sevillano, el gran poeta Gustavo Adolfo Bécquer su famosa leyenda  “La Venta de los Gatos”.  Los admiradores del poeta pusieron esta lápida  para perpetuar y recordar este romántico recuerdo. Donada por José Suárez Durán, marmolista de esta Casa. Enero 1928. 

(Extraído del libro “Sevilla habla de Sevilla” de D. José María de Mena. Editorial Castillejo, Sevilla, 1992)

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