Una pequeña aportación a la genealogía de los Bécquer

Según Eduardo Ybarra Hidalgo, autor de una completísima genealogía del  apellido Bécquer, la aparición de este linaje en Sevilla se remonta al siglo XVI, cuando en ella se establece el acaudalado comerciante flamenco Guillermo Bécquer, natural de Meurs, ciudad perteneciente al ducado de Cleves(1).

En 1622 se funda el mayorazgo de la familia, que llegó a tener enterramiento propio en la Catedral hispalense en la que actualmente es capilla de las Santas Justa y Rufina. El mayorazgo incorporaba además grandes posesiones de terreno en las localidades de Tomares y Utrera, así como molinos en Écija.

A principios del siglo XIX, tras casi dos centurias de decadencia y pleitos familiares, el mayorazgo acabó extinguiéndose. Sin embargo, sus descendientes siempre procuraron conservar el apellido, como elemento de distinción o simplemente por orgullo familiar.

Fue precisamente esta circunstancia la que hizo que el apellido pasara a la historia, al ser adoptado por uno de los más espléndidos poetas líricos de nuestro siglo XIX: Gustavo Adolfo Bécquer.

El abuelo del poeta, Antonio Domínguez Bécquer nació en Málaga durante el último tercio del siglo XVIII. Consta que tuvo dos hermanos: José y Manuel María.

Basándose en Santiago Montoto, Ybarra afirma que José fue el padre del reconocido pintor costumbrista Joaquín Domínguez Bécquer (2). No obstante, según se desprende tanto de la partida de matrimonio de este último (fechada el 13 de febrero de 1853), como del censo de habitantes de Sevilla de 1875, creemos que en realidad Joaquín no era hijo de José, sino de Manuel María.

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Partida de Matrimonio de Joaquin Dominguez Becquer (13/02/1853)
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Joaquín Domínguez Bécquer (Censo de Sevilla de 1875)

Manuel María aparece casado con María de los Dolores Puertas, por lo que, en verdad, el nombre completo del hijo de ambos era Joaquín Domínguez Puertas, el cual, al igual que otros miembros de la familia, optó por emplear el apellido de su abuela paterna: Bécquer.

Joaquín Domínguez Bécquer-Autorretrato-1855
Joaquín Domínguez Bécquer (Autorretrato, 1855)

Antonio Domínguez Bécquer contrajo matrimonio el 3 de Mayo de 1799 con María Antonia Insausti, en la Parroquia sevillana de San Esteban. Ésta había nacido el 14 de diciembre de 1780 en Lucena (Córdoba) (3)

Según aparece en el acta de defunción de su hijo José, Antonio era Teniente de Marina, lo cual influiría posiblemente en el deseo –frustrado- de su nieto Gustavo Adolfo de hacerse marino al ingresar en el colegio de San Telmo. Es de suponer  que su posición debió permitirle llevar una vida desahogada, como se deduce del tipo de educación que proporcionó a sus hijos.

Según Ybarra, los hijos del matrimonio formado por Antonio Domínguez Bécquer y María Antonia Insausti fueron: José (padre de Gustavo Adolfo), Francisco y Manuel.

Nosotros hemos hallado la que podría ser una cuarta hermana llamada Isabel residente en 1875 en la calle Laurel nº 4, según consta en el censo de Sevilla de aquél año:

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Isabel Domínguez Insausti (Censo de Sevilla de 1875, Anverso)
1875-Isabel Dominguez Insauste (2)
Isabel Domínguez Insausti (Censo de Sevilla de 1875, Reverso)

José Domínguez Insausti (padre de nuestro poeta) fue también un admirado pintor costumbrista y, al igual que su primo Joaquín, adoptó el apellido Bécquer, empleándolo en ocasiones como segundo apellido e incluso en solitario.

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José Domínguez Bécquer (Retratado por Antonio María Esquivel, 1830)

Según Santiago Montoto,  José Domínguez Bécquer fue el artista que “cultivó con más acierto el estudio de las costumbres populares sevillanas” (4). Es muy conocido el bello retrato que realizó a su esposa, Joaquina Bastida Vargas, con quien había contraído matrimonio el 26 de Febrero de 1827, en la sevillana Parroquia de San Lorenzo.

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Joaquina Bastida Vargas (Retratada por José-Domínguez-Bécquer, 1830)

De este matrimonio, nacieron ocho hijos: Estanislao, Valeriano, Gustavo Adolfo, Eduardo, Ricardo, Alfredo, Jorge y José. De los cuatro últimos, casi nada se sabe, creyéndose que, al menos dos de ellos, fallecieron siendo niños.

Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida (Gustavo Adolfo Bécquer) nació en Sevilla, el 17 de febrero de 1836 en el número 9 de la antigua calle Ancha de San Lorenzo, actual Conde de Barajas, existiendo controversia sobre si se trata de la misma casa que actualmente luce la placa conmemorativa llevada a cabo por el escultor Antonio Susillo, en el número 38 (5).

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Fotografía de la supuesta casa natal de Bécquer en el número 38 de la actual calle Conde de Barajas de Sevilla (Foto del Autor)

 

Lo que si podemos asegurar es que el barrio de San Lorenzo –barrio aristocrático por entonces- fue el escenario de los primeros años del autor de las Rimas, de sus primeros amores así como de sus primeras penurias.

El padre, José Domínguez Bécquer falleció el 26 de enero de 1841, a los 35 años de edad. Vivían en la entonces denominada calle de las Cruces –actual calle Alcoy-, nº 2.

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Partida de Defunción de José Domínguez Bécquer (26/01/1841)

Seis años más tarde fallece la esposa, Joaquina Bastida, el 27 de febrero de 1847, a la edad de 37 años, en la calle Pescadores, nº 2.

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Partida de defunción de Joaquina Bastida (27/02/1847)

Resulta llamativa la corta esperanza de vida de esta rama de los Bécquer. Esta triste circunstancia se volvió a poner de manifiesto en otros miembros de la familia, como Valeriano y el propio Gustavo Adolfo, como veremos.

Tras la desaparición de los padres, el núcleo familiar quedó destrozado. Sin los ingresos del pintor, la familia se encontró en la miseria. Según Montoto, “casi pobres de solemnidad podían considerarse” (6). Vivían del escaso sueldo de empleado de Estanislao, el mayor de los hermanos.

En los libros de Quintas del año 1850, encontramos a todos los hermanos viviendo en una casa de vecindad junto con sus tías María Manuela y Josefa, en el número 37 de la Alameda de Hércules, que, curiosamente, en este documento aparece nombrada como Alameda de Inquisición, debido a que hasta su total desaparición, en el año 1820, dicho tribunal estuvo situado en la cercana calle Becas.

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Gustavo Adolfo Bécquer en Alameda, 37 (Padrón de Quintas del año 1850)

Como se aprecia en el documento, Gustavo Adolfo contaba por estas fechas con sólo 14 años. Sin embargo ya había pasado por los duros trances de perder a sus padres, verse obligado a abandonar sus estudios de Náutica -al ser clausurada la Escuela de Marina por el gobierno en el año 1847- y verse abocado a una situación económica desesperada.

En esta misma época, no obstante, empieza a ponerse de manifiesto en Valeriano y Gustavo Adolfo  la inclinación por la expresión artística heredada principalmente de su padre, José. Según Montoto, fue su padre “la primera y más fuerte influencia” que ambos tuvieron “en la vida del arte” (7). Ambos hermanos estuvieron dotados para el dibujo y la pintura, aunque fue finalmente Valeriano el que destacó en este terreno.

Valeriano Bécquer (1863)
Valeriano Bécquer (1863)

Un personaje recurrente en las biografías del autor de las Leyendas, al referirse a este periodo concreto, es el de su madrina, Manuela Monnehay Moreno. Casi siempre se la describe como mujer de gran cultura, poseedora de una gran biblioteca. Incluso se ha  afirmado que, a la muerte de los padres del joven Bécquer, ésta lo recogió y que trató de disuadirle en sus deseos de marcharse a Madrid, para labrarse carrera como escritor, ofreciéndole incluso la posibilidad de hacerlo heredero de todos sus bienes, habida cuenta de que carecía de descendencia.

Manuela-Monnehay-Moreno-1858 (Valeriano Becquer)
Manuela Monnehay Moreno (Retratada por Valeriano Becquer, 1858)

La existencia de Manuela Monnehay si está bien documentada. Su padre, Carlos Monnehay, era de origen francés; concretamente de la región de Picardie. Era dueño de una tienda de perfumes situada en la Plaza del Duque, nº 22 que era asimismo su domicilio particular, como  puede comprobarse en el siguiente padrón de quintas del año 1842.

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Carlos Monnehay (Padrón de Quintas, 1842) (Anverso)

 

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Manuela Monnehay (Padrón de Quintas, 1842) (Reverso)

En el reverso –donde se solían consignar a los miembros femeninos de la familia- aparece, efectivamente. el nombre de su esposa, Dolores Moreno y el de su hija, Manuela Monnehay, de 28 años.

Según Santiago Montoto, Manuela recibió clases de pintura de José Domínguez Bécquer, siendo nombrada madrina del recién nacido Gustavo, con tan sólo 10 años de edad. Con independencia de que las lecturas en su biblioteca ejercieran gran influencia en el despertar del amor por la literatura del joven poeta, lo que sí parece seguro es que éste no vivió nunca bajo su protección, como lo demuestra la ausencia absoluta de datos al respecto en los padrones municipales. A este respecto añade Montoto que “ni en su testamento (el de Manuela), ni en el de su madre, hay mención para el ahijado, el cual nunca habló de la familia Monnehay” (8).

De lo que si hay constancia es de la presencia de los hermanos Bécquer en el número 17 de la calle Mendoza Ríos, en el barrio de San Vicente, a principios del año 1854. Puede que ésta sea la última vez que Gustavo Adolfo aparece empadronado en Sevilla, puesto que en el otoño de ese mismo año, marchó a Madrid resuelto a forjarse un nombre como literato.

1854-Gustavo Adolfo en Mendoza Rios
Gustavo Adolfo Bécquer en calle Mendoza Ríos, 17 (Padrón de Quintas, 1854)

Solo en un principio y acompañado  unos años más tarde por su  inseparable hermano Valeriano, su aventura madrileña estuvo llena de luces y sombras. Según Morales Padrón fueron “dieciséis otoños penosos, modestos y oscuros, cargados de ensueño” (9).

Años de grandes penurias, un matrimonio desafortunado, la enfermedad y el fallecimiento de su querido Valeriano en septiembre de 1870 a la edad de 37 años, precipitaron su propia muerte, acaecida tres meses después, con tan sólo 34 años. La historia se repetía…

Gustavo Adolfo Bécquer no conoció en vida el  éxito ni el reconocimiento. Fue gracias a su círculo más íntimo de amistades que sus poemas, leyendas y demás escritos fueron recopilados y publicados, alcanzando rápidamente la notoriedad que merecían y que, tristemente suele negarse a los grandes ingenios, hasta que desaparecen.

En palabras de José Gestoso:

“Jamás poeta alguno, al menos en España, tuvo más rápida y efusiva consagración. De mano en mano corrieron sus libros, y de boca en boca su nombre, y no hubo labios de mujer por donde no pasaran sus rimas como aliento suave, como canción de brisa que separa las hojas de una flor”.

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Gustavo Adolfo Bécquer (Retratado por Valeriano Becquer, 1862)

Bibliografía (con enlaces de compra en Amazon)

(1) Notas genealógicas y biográficas sobre la familia Bécquer. Eduardo Ybarra Hidalgo. Sevilla, 1991

(2) Eduardo Ybarra, op. cit.

(3) Lucena y los Insausti. Luis Fernando Palma Robles. Boletín de la Real academia Sevillana de Buenas Letras: Minervae baeticae, Nº 25, 1997 , págs. 177-194

(4) Las parroquias de Sevilla. Nueva semblanza de Bécquer. Santiago Montoto de Sedas. Sevilla, 1981.

(5) Santiago Montoto, op. cit.

(6) Santiago Montoto, op. cit.

(7) Santiago Montoto, op. cit.

(8) La Madrina de Bécquer. Santiago Montoto. Artículo en ABC de Sevilla (28/08/1970)

(9) Guía Sentimental de Sevilla. Francisco Morales Padrón. Sevilla, 1988.

(10) Eduardo Ybarra, op. cit.

 

Origen de las imágenes

https://familysearch.org/

http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/becquer/pcuartonivel.jsp?conten=imagenes

http://www.lahornacina.com/noticiassevilla132.htm

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8 Comments

    1. Muchas gracias.
      Las historias sobre las personas y los lugares que nos son más cercanos, son en ocasiones las más desconocidas.
      Un abrazo.

¿Qué le ha parecido? Me encantaría conocer su opinión.