Decepción

Yo mismo 4.286 Comentarios »

Hoy no tengo ganas del mundo,
porque no creo en mí,
porque me he decepcionado tanto y tantas veces…
Porque de levantarse otra vez se cansa uno.
Tengo miedo de que nunca llegue el día.
De que “estos son días de debilidad que pasarán”
se conviertan en lo último que pueda esperar.
Quiero llorar y pienso para qué.
Estoy cansando de esperar ser mejor y de no serlo nunca.
Desconfío de mi, de mis “vamos a empezar de nuevo”,
que me huelen ya a canción antigüa, conocida.
A veces se me difumina la intención y
no recuerdo porqué quería llegar alli.
¿Qué puedo hacer?,
¿Actúo o me dejo llevar?.
Los que siempre motivaron el resurgir
de mi particular fénix siguen estando ahí.
¿No los recuerdas?.
Mis amores. Mis grandes amores.
Lo que fueron motivo y causa de todo, siguen ahí.
¿Ya no te motiva su presencia?.
¿Es que el tiempo lo ensombrece todo,
hasta lo más puro, lo más real?.
¿Adónde caminas, alma insensata, sin rumbo,
olvidando todo;
lo que fuiste, lo que soy, lo que quise ser?.

Sabiduría

Yo mismo 1.634 Comentarios »

¿Dónde está el momento que debía de llegar en el verano de la vida, en que el sufrimiento me convertiría en sabio y las nubes pasadas serían divertimento de tardes serenas mirando el horizonte?

¿No me dijeron ojos bienintencionados que llegaría el momento sereno en que me bastaría una leve brisa para dejar volar el alma a sus anchas?. Y que, entonces, todo lo pasado sería niñez malvada e hiriente que pasó como tormenta en primavera?

¿No hubo incluso quien me hizo alabar los días grises como precursores, como  primicias de mieles criadas en su seno que serían consumidas más tarde en horas despreocupadas, ya libres de esclavitudes juveniles, serenas, plenas y sosegadas?.

Incrédulo, me miro a veces sin encontrarme, como recién despierto del sueño equivocado, intruso de mí mismo, silencioso y expectante.

Y comprendo que la vida, llena de mañanas temblorosas, de abrazos fríos y miradas amargas es la misma que regala esperas celestes, viajes ilusionados y tesoros no ocultos.

¿Te he esperado, te he encontrado y no te he reconocido?.

¿Esa eres tú, sabiduría?.

Adiós a los cabreos

Citas 1.500 Comentarios »

Dentro del esquema de las cosas de este mundo,
lo que tú haces y el hecho de que estés enfadado o no,
provocará un impacto similar al que puede producir
un vaso de agua volcado sobre el torrente de las cataratas del Niágara.
Que escojas la rabia o la risa no importa mucho,
salvo que la primera colmará tus momentos
presentes de tristeza y la segunda de alegría.

Wayne W. Dyer,
Tus Zonas Erróneas

Sol Perdido

Yo mismo 1.690 Comentarios »

Sol de una mañana clara,
Cuando aún estoy a tiempo
De tí, de ellos, de tanto.
Cielo sin nubes,
Gracia infinita, paciente;
Quiero volver a vosotros.
No dejéis de llamarme.

Trufa… Llorona ?

Trufa 1.196 Comentarios »

El otro día castigamos a Trufa.Trufa Llorona

¡Se hizo pis encima del sofá!!.

Cuando estuvo un buen rato en su rincón, la llamamos y le levantamos el castigo.

Al fijarnos, tenía los ojitos llenos de lágrimas…

Los dos nos quedamos boquiabiertos. Seguro que fué una casualidad, o sus ojos se irritaron por algún motivo…  La acurrucamos un ratito y en seguida las dos perlitas negras de sus ojos estaban secas.

¿Lloran lágrimas los perros??

Yo Mismo

Citas 2.267 Comentarios »

Durante años fui un neurótico. Era un ser
angustiado, deprimido y egoísta. Y todo el
mundo insistía en decirme que cambiara.
Y no dejaban de recordarme lo neurótico
que yo era.

Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo
con ellos, y deseaba cambiar, pero no
acababa de conseguirlo
por mucho que lo intentara.

Lo peor  era que mi mejor amigo tampoco
dejaba de recordarme lo neurótico que
yo estaba. Y también insistía en
la necesidad de que yo cambiara.

Y también  con él estaba  de acuerdo,
y no podía sentirme ofendido
con él. De manera que me sentía
Impotente  y  como  atrapado.

Pero un día me dijo: “No cambies. Sigue
siendo tal como eres. En realidad no
importa que cambies o dejes de cambiar.
Yo te quiero tal como eres y no puedo
dejar de quererte”.
Aquellas palabras sonaron en mis oídos
como música: “No cambies. No cambies.
No cambies… Te quiero…”.

Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo.
Y, ¡oh, maravilla!, cambié.

 

Anthony de Mello,
El canto del Pájaro

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