Jun 04
¿Dónde está el momento que debía de llegar en el verano de la vida, en que el sufrimiento me convertiría en sabio y las nubes pasadas serían divertimento de tardes serenas mirando el horizonte?
¿No me dijeron ojos bienintencionados que llegaría el momento sereno en que me bastaría una leve brisa para dejar volar el alma a sus anchas?. Y que, entonces, todo lo pasado sería niñez malvada e hiriente que pasó como tormenta en primavera?
¿No hubo incluso quien me hizo alabar los días grises como precursores, como primicias de mieles criadas en su seno que serían consumidas más tarde en horas despreocupadas, ya libres de esclavitudes juveniles, serenas, plenas y sosegadas?.
Incrédulo, me miro a veces sin encontrarme, como recién despierto del sueño equivocado, intruso de mí mismo, silencioso y expectante.
Y comprendo que la vida, llena de mañanas temblorosas, de abrazos fríos y miradas amargas es la misma que regala esperas celestes, viajes ilusionados y tesoros no ocultos.
¿Te he esperado, te he encontrado y no te he reconocido?.
¿Esa eres tú, sabiduría?.
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Abr 16
Dentro del esquema de las cosas de este mundo,
lo que tú haces y el hecho de que estés enfadado o no,
provocará un impacto similar al que puede producir
un vaso de agua volcado sobre el torrente de las cataratas del Niágara.
Que escojas la rabia o la risa no importa mucho,
salvo que la primera colmará tus momentos
presentes de tristeza y la segunda de alegría.
Wayne W. Dyer,
Tus Zonas Erróneas
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Abr 13
Sol de una mañana clara,
Cuando aún estoy a tiempo
De tí, de ellos, de tanto.
Cielo sin nubes,
Gracia infinita, paciente;
Quiero volver a vosotros.
No dejéis de llamarme.
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Abr 12
El otro día castigamos a Trufa.
¡Se hizo pis encima del sofá!!.
Cuando estuvo un buen rato en su rincón, la llamamos y le levantamos el castigo.
Al fijarnos, tenía los ojitos llenos de lágrimas…
Los dos nos quedamos boquiabiertos. Seguro que fué una casualidad, o sus ojos se irritaron por algún motivo… La acurrucamos un ratito y en seguida las dos perlitas negras de sus ojos estaban secas.
¿Lloran lágrimas los perros??
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Abr 09
Durante años fui un neurótico. Era un ser
angustiado, deprimido y egoísta. Y todo el
mundo insistía en decirme que cambiara.
Y no dejaban de recordarme lo neurótico
que yo era.
Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo
con ellos, y deseaba cambiar, pero no
acababa de conseguirlo
por mucho que lo intentara.
Lo peor era que mi mejor amigo tampoco
dejaba de recordarme lo neurótico que
yo estaba. Y también insistía en
la necesidad de que yo cambiara.
Y también con él estaba de acuerdo,
y no podía sentirme ofendido
con él. De manera que me sentía
Impotente y como atrapado.
Pero un día me dijo: “No cambies. Sigue
siendo tal como eres. En realidad no
importa que cambies o dejes de cambiar.
Yo te quiero tal como eres y no puedo
dejar de quererte”.
Aquellas palabras sonaron en mis oídos
como música: “No cambies. No cambies.
No cambies… Te quiero…”.
Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo.
Y, ¡oh, maravilla!, cambié.
Anthony de Mello,
El canto del Pájaro
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